Editorial
Elecciones en los tiempos de la desinformación – Editorial
Las redes sociales han sido capturadas por una lógica de confrontación que va mucho más allá del algoritmo…
Las próximas elecciones guatemaltecas no se disputarán únicamente en las urnas. La contienda también se librará en las pantallas, donde una campaña de desinformación puede destruir reputaciones, fabricar virtudes, inflar apoyos y convertir la propaganda en una supuesta verdad colectiva. El peligro no solo proviene de quienes buscan desprestigiar a un adversario, sino también de quienes construyen artificialmente una imagen favorable, ocultan errores y presentan como respaldo ciudadano lo que en realidad es una operación pagada. En la era de la desinformación, la mentira no solo ataca, sino también protege, promueve y gobierna.
Las redes sociales han sido capturadas por una lógica de confrontación que va mucho más allá del algoritmo. Algunos expertos denominan “contenido de conflicto” a esta fórmula basada en la indignación, la burla, el miedo y la división, bajo la premisa de que el enojo genera más interacción que la reflexión. Los operadores políticos comprendieron esa dinámica y ahora la explotan para mantener a la sociedad en un estado permanente de polarización. Así operan muchos net centers, no como simples grupos de usuarios entusiastas, sino como aparatos políticos con instrucciones, objetivos, horarios y narrativas destinadas a promover candidatos, atacar periodistas, hostigar voces críticas o ahogar agendas incómodas mediante denuncias masivas y respuestas coordinadas.
Los bots y los net centers no son una invención utilizada para descalificar cualquier crítica. Desde 2019, distintas instituciones e investigaciones han documentado campañas organizadas en Guatemala que combinan cuentas matrices, perfiles falsos y usuarios reales para amplificar ataques y mensajes políticos. Ahora, la inteligencia artificial permite crear identidades, imágenes y miles de textos diferentes en cuestión de minutos. En 2024, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desarticuló una granja de bots reforzada con inteligencia artificial que operaba 968 cuentas, mientras OpenAI ha identificado operaciones encubiertas originadas en distintos países, incluida China. Por otra parte, una investigación de la Universidad de Cambridge reveló que las verificaciones necesarias para abrir cuentas falsas pueden comprarse por centavos en Estados Unidos y que existen proveedores para más de 500 plataformas en prácticamente todos los países. Una campaña local ya puede contratar infraestructura digital en el extranjero y simular que miles de guatemaltecos piensan exactamente lo mismo.
El gobierno de Bernardo Arévalo no puede presentarse como un actor ajeno a estas prácticas digitales. Existen hechos documentados que van más allá de simples sospechas. Propagandistas digitales que difundieron entrevistas y mensajes relacionados con Semilla posteriormente obtuvieron contratos o puestos en instituciones públicas y despachos vinculados al oficialismo. Se han reportado, entre otros casos, un contrato de Q8 mil mensuales en el Congreso y otro de Q9 mil mensuales en el Instituto de la Víctima. La propia Secretaría de Comunicación Social reconoció que el equipo de transición solicitó acreditar como representantes de medios de comunicación a varios operadores digitales durante la toma de posesión. Nada de esto convierte automáticamente a cada operador digital en un bot o integrante de un net center, pero sí confirma que distintas instituciones del Estado han contratado, financiado o concedido acceso privilegiado a particulares como instrumentos de comunicación. La pregunta legítima es si sus contenidos identifican claramente esos vínculos o si se presenta como opinión ciudadana espontánea lo que podría constituir promoción institucional u oficialista sostenida indirectamente con recursos públicos.
Los datos del Latinobarómetro 2024 muestran la gravedad del deterioro del debate público en los espacios digitales. El 76 % de los latinoamericanos considera que en las redes sociales circula mucha o alguna información falsa. Solo el 13 % cree que estas plataformas mejoran la política, frente al 35 % que sostiene que la empeoran. El 66 % afirma que las personas no expresan lo que realmente piensan sobre política y, en Guatemala, esa autocensura alcanza el 73 %. A esto se suma que la confianza regional en la prensa escrita cayó del 50 % en 1995 al 38 % en 2024. Cuando la ciudadanía desconfía de los medios que promueven campañas de desinformación deliberadamente, teme expresarse y recibe contenido manipulado todos los días, la democracia queda expuesta a quienes poseen más dinero, tecnología y capacidad para imponer una narrativa.
Se deben de generar instrumentos capaces de vigilar y evidenciar los esfuerzos de desinformación y promoción narrativa desleal de cara a las siguientes elecciones, pero además esa vigilancia debe alcanzar a todos los actores políticos y a las instituciones públicas, incluido el gobierno de Bernardo Arévalo. El Ejecutivo y su entorno político han sido señalados repetidamente por supuestamente beneficiarse de cuentas coordinadas y presión digital para promover su agenda o reaccionar contra sus críticos. Una escucha social sobre sus primeros cien días detectó 7,615 menciones atribuidas a bots dentro de un universo de casi 476,000 conversaciones. Estos hallazgos no determinan quién controlaba esas cuentas, pero hacen indispensable que el Ejecutivo transparente la pauta, los asesores, los contratos digitales y sus relaciones con páginas e influenciadores.
La respuesta tampoco puede ser la censura. Entregar a una autoridad el poder de decidir qué opiniones pueden circular podría resultar tan peligroso como la propia desinformación. La defensa democrática comienza con hechos verificables, medios responsables, ciudadanía activa y pensamiento crítico. Antes de compartir una publicación, es necesario revisar la fuente, la fecha, la evidencia y quién se beneficia del mensaje. Antes de sumarse a un linchamiento digital, hay que distinguir entre una denuncia comprobada y una narrativa diseñada para provocar. Guatemala necesita ciudadanos capaces de cuestionar tanto a sus adversarios como a quienes dicen representar sus propias ideas. La democracia sobrevivirá a los bots únicamente cuando dejemos de comportarnos como ellos.




