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Política en Guatemala

Apareció Bernardo, pero no apareció el presidente

El gobierno volvió a confundir comunicación controlada con liderazgo.

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pareció Bernardo, pero no apareció el presidente
Creatividad: Centra News / imagen elaborada con IA

Bernardo Arévalo finalmente apareció en el balcón del Palacio Nacional durante los actos de Independencia. Lo hizo frente a una plaza que lo recibió con abucheos y consignas de rechazo. Sin embargo, durante los días más tensos de la crisis provocada por el alza de los combustibles, los bloqueos y el temor al desabastecimiento, quien no apareció fue el presidente de Guatemala.

Arévalo se reunió en privado con los 48 Cantones el 8 de septiembre, pero no encabezó la conferencia pública en la que su gobierno explicó los operativos para liberar las carreteras. Su intervención posterior llegó mediante un mensaje pregrabado la noche del 13. Apareció Bernardo cuando el discurso ya estaba escrito, pero la autoridad presidencial llegó tarde.

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El gobierno volvió a confundir comunicación controlada con liderazgo. Un mensaje grabado permite escoger cada palabra, evitar preguntas incómodas y construir una narrativa sin contradicciones, mientras una conferencia de prensa obliga a explicar por qué la crisis creció, qué medidas se tomaron, qué evidencia existe detrás de las acusaciones oficiales y quién asumirá responsabilidad por los errores. Durante una emergencia nacional, el silencio presidencial no es prudencia, ni estrategia, sino un vacío que otros terminan llenando con rumores, desinformación y confrontación.

Los números demuestran que no se trató solamente de un problema internacional de precios. El Congreso aprobó con 130 votos el Decreto 21-2026, que contempla hasta Q2,500 millones para fijar temporalmente el galón de diésel y gasolina regular en Q39 y la superior en Q41. Sin embargo, las objeciones presentadas posteriormente impidieron su entrada inmediata en vigor. Mientras la solución seguía atrapada entre improvisaciones políticas y errores legislativos, las fuerzas de seguridad tuvieron que liberar 34 puntos bloqueados. El balance incluyó dos policías heridos y 14 civiles puestos a disposición judicial.

Arévalo afirmó posteriormente que políticos locales, estructuras criminales, pandillas y actores vinculados al narcotráfico aprovecharon el descontento para provocar violencia y desestabilizar al país. La gravedad de esos señalamientos exige pruebas, nombres y denuncias institucionales, no únicamente una narrativa presidencial. Por su parte, los 48 Cantones realizaron una marcha pacífica, dialogaron con el Congreso y se reunieron con Arévalo. Sus representantes afirmaron que buscaban una solución y no una confrontación. “Su movilización no produjo los bloqueos atribuidos a otros grupos”, así incluir automáticamente a manifestantes, transportistas, autoridades indígenas, opositores y delincuentes dentro de una misma narrativa de conspiración sería una forma irresponsable de evadir las causas legítimas del malestar.

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El silencio de un Presidente ausente, consolidó los rumores de que su propio gobierno organizó los bloqueos para el aprovechamiento político posterior de la crisis. La secuencia resulta conveniente para un gobierno debilitado, ya que primero crece el descontento, después se identifica a un enemigo desestabilizador, para finalmente el Ejecutivo presentarse como víctima y salvador al mismo tiempo.

Mientras la ausencia del Presidente es interpretada como estrategia de contención política, la imagen de Arévalo se debilita junto con la creciente crisis de gobernabilidad en el país. En mayo, una encuesta de la Fundación Libertad y Desarrollo y CID Gallup registró 34% de aprobación y 60% de desaprobación para Arévalo. El 52% calificó su gestión como mala o muy mala y el saldo de evaluación fue de -22%. En septiembre, otro estudio regional colocó al mandatario en el último lugar entre 18 presidentes latinoamericanos, con 28.2% de aprobación.

Mientras la aprobación del subsidio también dejó una fotografía incómoda. Entre las fuerzas que aportaron votos favorables estuvieron UNE, Vamos, Cabal, Viva y Valor, además de otras bancadas y numerosos diputados independientes. La votación alcanzó 130 respaldos; sin embargo un voto conjunto no demuestra por sí solo la existencia de una coalición permanente, pero sí revela una mayoría transaccional construida con sectores pertenecientes al mismo sistema político que Semilla utilizó como contraste durante años. Negociar es parte de gobernar. Lo cuestionable es hacerlo sin transparencia, celebrar el apoyo de los mismos de siempre y continuar fingiendo que se representa una política completamente distinta.

Por eso apareció Bernardo, pero no apareció el presidente. El primero llegó cuando la ceremonia estaba preparada, el mensaje controlado y las banderas colocadas. El segundo debía aparecer cuando las carreteras estaban cerradas, las familias enfrentaban precios más altos y el país exigía respuestas. Guatemala necesita un presidente que se someta a preguntas, presente pruebas, transparente sus acuerdos y haga cumplir la ley sin convertir toda crítica en una conspiración. Cuando el mandatario solamente aparece después de la crisis, el problema ya no es únicamente el precio del combustible, sino la ausencia de un Presidente.

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