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Editorial

Arévalo volvió a esconderse – Editorial

El gobierno de Bernardo Arévalo podrá argumentar que puso a disposición equipos USAR dentro de los mecanismos internacionales de coordinación…

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Arévalo volvió a esconderse - Editorial
Foto: Centra News

Las imágenes de la devastación en Venezuela recorrieron el mundo. Más de 1,400 fallecidos, miles de heridos, decenas de miles de personas desplazadas y ciudades enteras reducidas a escombros convirtieron el terremoto en una de las mayores tragedias humanitarias que ha sufrido América Latina en los últimos años. Frente a semejante desastre, la mayoría de gobiernos entendió que había momentos en los que la política debía hacerse a un lado para dar paso al liderazgo y la solidaridad. Guatemala, bajo el gobierno de Bernardo Arévalo, decidió hacer exactamente lo contrario.

Estados Unidos encabezó una de las mayores operaciones internacionales de asistencia con cientos de millones de dólares en ayuda, equipos especializados de búsqueda y rescate, hospitales móviles, transporte aéreo y personal médico. México, Colombia, España, Francia, Alemania, Italia y numerosos países movilizaron brigadas, maquinaria, medicamentos, alimentos y toneladas de ayuda humanitaria. Incluso en Centroamérica, El Salvador desplegó cientos de rescatistas, paramédicos y decenas de toneladas de equipo e insumos para apoyar las labores de emergencia, mientras Costa Rica anunció oficialmente su respaldo humanitario. La diferencia no estuvo en el tamaño de las economías, sino en la decisión política de actuar. Guatemala, en cambio, permaneció prácticamente ausente.

El gobierno de Bernardo Arévalo podrá argumentar que puso a disposición equipos USAR dentro de los mecanismos internacionales de coordinación. Sin embargo, cuando una catástrofe de esta magnitud golpea a un país hermano, el liderazgo no se mide por la simple disponibilidad administrativa de recursos, sino por la voluntad política para movilizarlos, coordinar esfuerzos y demostrar que Guatemala está dispuesta a responder cuando la región más lo necesita. Si países centroamericanos con capacidades similares o incluso menores pudieron dar un paso al frente, resulta difícil sostener que la ausencia de Guatemala obedeció a limitaciones técnicas. Fue, sobre todo, una decisión política.

Lo ocurrido refleja un problema mucho más profundo que un episodio aislado. La administración Arévalo ha construido una política exterior caracterizada por la ausencia de iniciativa, la falta de presencia y la incapacidad de convertir el discurso en hechos. El presidente que prometió proyectar una nueva imagen internacional para Guatemala terminó consolidando exactamente lo contrario: un gobierno que observa los acontecimientos desde la barrera, evita asumir protagonismo y renuncia sistemáticamente a ejercer cualquier forma de liderazgo regional. En una emergencia de esta magnitud, el silencio y la pasividad también comunican, y el mensaje que Guatemala proyectó fue el de un país que decidió no estar presente cuando la región más lo necesitaba.

Resulta especialmente contradictorio porque Guatemala conoce perfectamente el valor de la solidaridad internacional. Nuestro país ha sobrevivido a terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y otras emergencias gracias, en buena medida, al apoyo recibido de la comunidad internacional. Esa memoria histórica debería traducirse en una política exterior activa, agradecida y comprometida. Sin embargo, el gobierno desaprovechó una oportunidad para corresponder esa solidaridad y demostrar que Guatemala también puede convertirse en un país que ayuda, lidera y responde cuando otros atraviesan su peor momento.

Quizá el mayor problema del gobierno de Bernardo Arévalo no sea únicamente su escasa respuesta frente a esta tragedia, sino el patrón que vuelve a repetirse en un Ejecutivo que parece cómodo administrando discursos, pero incómodo tomando decisiones que exigen liderazgo. Gobernar implica actuar cuando las circunstancias lo demandan, incluso si ello requiere iniciativa, coordinación y asumir responsabilidades. Mientras otros gobiernos entendieron que la historia también se escribe en los momentos de crisis, Arévalo volvió a elegir el bajo perfil. Y un presidente que se vuelve invisible cuando el continente enfrenta una tragedia difícilmente puede aspirar a ser recordado como un líder regional.

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