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Entrevista exclusiva con Jonathan Duarte, Director Ejecutivo de Fundación Libertad Nicaragua
“Ese compromiso me llevó más adelante a servir como jefe de campaña presidencial de Félix Maradiaga”.
1. Pregunta: ¿Qué aprendizajes de tu trayectoria personal y política te llevaron a involucrarte en la construcción de espacios como Fundación Libertad Nicaragua?
Mi vínculo con Nicaragua es visceral y generacional. Nací en el exilio precisamente porque mi familia tuvo que huir de la primera dictadura sandinista. Crecer con esa memoria histórica te enseña desde muy temprano que los derechos fundamentales no se pueden dar por sentados y que la tiranía no solo destruye economías, sino que fractura familias y vidas enteras.
Sin embargo, uno de los catalizadores más profundos que me empujó a la acción ocurrió en abril de 2018. Estaba viendo la transmisión en vivo por Facebook del periodista Ángel Gahona desde la cuna de mi familia, Bluefields. En medio de la transmisión, un francotirador del gobierno lo asesinó a sangre fría en las escaleras de la alcaldía municipal. Ver caer a un comunicador desarmado mientras informaba al pueblo me conmocionó hasta la médula. Por eso, al regresar a Nicaragua, una de mis primeras paradas fue precisamente la alcaldía de Bluefields. La sangre de Ángel todavía manchaba los escalones. Allí me arrodillé, lloré y juré que esto no se iba a quedar así.

Presenciar ese nivel de represión estatal brutal y sentir de cerca el coraje desbordante de un pueblo desarmado confirmó en mí que el anhelo de dignidad y democracia permanecía completamente intacto en el corazón de los nicaragüenses.
Ese compromiso me llevó más adelante a servir como jefe de campaña presidencial de Félix Maradiaga. Durante esa etapa tuve el privilegio y la responsabilidad de recorrer Nicaragua de costa a costa, escuchando de primera mano, en cada rincón del país, los profundos anhelos de libertad y el deseo inquebrantable del pueblo por un cambio de régimen pacífico y no violento. Fue una lección viva de la madurez cívica de nuestra gente, que rechazaba la violencia estatal sin renunciar a su derecho de ser libre.
Cuando el régimen secuestró a Félix en 2021 junto a otros líderes de la oposición, asumí la Dirección Ejecutiva de la Fundación Para La Libertad De Nicaragua —una institución que ha existido desde 2010 defendiendo las ideas de la sociedad abierta—. Fuimos una de las primeras organizaciones arbitrariamente canceladas y confiscadas por la dictadura, lo que nos obligó a reorganizar nuestras operaciones desde Costa Rica. Sin embargo, el despojo material no detuvo nuestra misión: nuestro trabajo continúa firme sobre el terreno en Nicaragua. Asumir ese liderazgo en uno de los momentos más oscuros del país reafirmó mi convicción de que debíamos mantener viva la institución, dar la batalla decisiva en el terreno de las ideas y dotar a la causa por la democracia de una brújula liberal sólida, sabiendo que sin libertades económicas, imperio de la ley y límites inflexibles al poder, cualquier democracia que logremos edificar resultará siempre frágil.
2. Pregunta: ¿Cómo describirías la situación política e institucional actual de Nicaragua?
El panorama actual en Nicaragua tras ocho años del estallido social de 2018 refleja la consolidación de un férreo estado policial donde toda forma de disidencia pacífica ha sido sistemáticamente aplastada. Institucionalmente, el país vive en un vacío absoluto de separación de poderes; el sistema judicial opera como un apéndice punitivo del Ejecutivo y la constitución ha sido reducida a letra muerta. La persecución del régimen no discrimina: ha decapitado a los liderazgos políticos, ha silenciado al periodismo independiente mediante el destierro y el cierre de medios, ha descabezado a las universidades y ha desatado una ofensiva implacable contra la Iglesia católica, encarcelando a obispos y sacerdotes y prohibiendo procesiones y expresiones de fe.
En el terreno económico y social, el corporativismo y estatismo del régimen han diezmado las bases del progreso individual. Las confiscaciones arbitrarias de bienes y propiedades privadas, el acoso fiscal y la inseguridad jurídica total han espantado la inversión nacional y extranjera. Esto ha transformado a Nicaragua en una economía de supervivencia e informalidad, empujando a cientos de miles de jóvenes y familias a un éxodo histórico sin precedentes que ha vaciado al país de su fuerza productiva y de sus cerebros más brillantes.
Para romper este esquema y abrir las puertas a una transición democrática real, se requiere articular con urgencia tres vectores fundamentales. Primero, una presión internacional firme, coordinada y con sanciones económicas precisas que estrangule las fuentes de financiamiento de la cúpula dictatorial. Segundo, el fortalecimiento de la cohesión entre la resistencia interna y la diáspora organizada, manteniendo viva la memoria cívica y la capacidad de movilización. Y tercero, la elaboración rigurosa de una hoja de ruta técnica y económica para la reconstrucción nacional, de manera que al sobrevenir el colapso del régimen no existan vacíos de gobernabilidad y se puedan restablecer las garantías desde el primer día.
3. Pregunta: ¿Cuál es el propósito de Fundación Libertad Nicaragua, cómo surge y qué papel busca desempeñar en el proceso de reconstrucción democrática del país?
Frente a los repetidos fracasos del estatismo y el caudillismo en América Latina, la Fundación Para La Libertad De Nicaragua opera desde su fundación en 2010 con una convicción inquebrantable: los problemas estructurales de nuestro país no se resuelven centralizando el poder, sino devolviéndoselo al individuo mediante los principios de la sociedad abierta. El liberalismo no es una abstracción teórica; es el antídoto directo contra la tentación mesiánica que periódicamente hunde a nuestras naciones en el autoritarismo.
Nuestra agenda programática se centra en pilares muy concretos: la instauración de un Estado de derecho inflexible donde la ley sea igual para todos, la protección constitucional inviolable de la propiedad privada frente a los abusos del Estado, y la promoción de un libre mercado competitivo que libere el potencial emprendedor de los nicaragüenses. Asimismo, exigimos una profunda descentralización del poder político para impedir el surgimiento de nuevos tiranos y garantizar la supremacía de los derechos individuales.
A pesar de haber sido una de las primeras organizaciones confiscadas y canceladas arbitrariamente por la dictadura —lo que nos forzó a relocalizar nuestra base operativa en Costa Rica mientras nuestra red sigue actuando en el terreno dentro del país—, nuestro activismo no se ha detenido. A través de alianzas estratégicas con redes como RELIAL, la Fundación Naumann, la Alianza para Centroamérica y el World Liberty Congress, impulsamos programas de formación política, foros de debate y plataformas digitales destinadas a conectar con las nuevas generaciones y con los millones de exiliados, sembrando las ideas de la libertad como la brújula indispensable para la reconstrucción de Nicaragua.
4. Pregunta: ¿Qué papel pueden desempeñar las organizaciones liberales, los centros de pensamiento, las fundaciones y los partidos democráticos en el acompañamiento a la oposición nicaragüense?
La tragedia nicaragüense no es un problema doméstico aislado, sino una seria amenaza a la seguridad regional y hemisférica. El régimen sandinista ha convertido a Nicaragua en un actor desestabilizador que utiliza la migración ilegal masiva como un arma geopolítica contra sus vecinos y Estados Unidos. Además, la dictadura ha transformado al país en un refugio seguro para prófugos de la justicia internacional —incluyendo al terrorista italiano Alessio Casimirri, condenado por el secuestro y asesinato del exprimer ministro Aldo Moro, así como a exmandatarios y políticos centroamericanos prófugos por corrupción a quienes otorga impunidad mediante la concesión exprés de la nacionalidad nicaragüense—. Por si fuera poco, Nicaragua opera hoy como una cabecera de playa e incubadora de inteligencia para regímenes autoritarios globales como Rusia, China, Cuba e Irán.

Frente a este peligro multidimensional, las condenas diplomáticas formales resultan completamente insuficientes si no van acompañadas de acciones coercitivas y de contención geopolítica. Es necesario que los gobiernos democráticos sigan el ejemplo de la República Dominicana y Colombia, dando el paso valiente de romper relaciones diplomáticas con la dictadura. Asimismo, los parlamentos y organismos internacionales deben pasar de la retórica a la acción mediante el cierre sistemático de los canales de financiamiento que sostienen al régimen, la persecución penal internacional de sus operadores mediante la jurisdicción universal y el fortalecimiento de marcos migratorios de asilo que protejan eficazmente a las víctimas de la represión.
En este escenario, el rol de la cooperación internacional debe enfocarse en respaldar operativamente la sostenibilidad y la cohesión del movimiento democrático en el exilio y en la clandestinidad. Nuestro trabajo con la red global de centros de pensamiento y fundaciones aliadas busca precisamente mantener la crisis nicaragüense en el nivel más alto de las agendas de seguridad global, asegurando que la solidaridad transnacional se traduca en una presión estratégica real capaz de forzar el quiebre de la dictadura.
5. Pregunta: ¿Cuáles son los próximos pasos de Fundación Libertad Nicaragua? ¿Cómo puede contribuir a articular una oposición democrática plural, formar nuevos liderazgos y preparar una propuesta de reconstrucción institucional y económica? ¿Qué tendría que suceder para que los millones de nicaragüenses dentro y fuera del país puedan regresar, participar políticamente y decidir libremente su futuro?
La penosa ambigüedad con la que ciertos gobiernos latinoamericanos abordan el caso de Nicaragua evidencia la persistencia de una doble moral donde los cálculos ideológicos y geopolíticos de corto plazo se anteponen a la defensa innegociable de los derechos humanos. Es indispensable denunciar esa complicidad y sostener con firmeza que la tiranía y los crímenes de lesa humanidad no admiten neutralidades tácticas ni coartadas partidarias.
Para encarar el porvenir, los esfuerzos de la Fundación Para La Libertad De Nicaragua están concentrados en sentar los cimientos de la futura gobernabilidad. Esto implica articular espacios de encuentro entre las diversas corrientes de una oposición democrática verdaderamente plural, capacitar técnicamente a una nueva generación de relevo con visión de Estado, y diseñar marcos institucionales y económicos sólidos que permitan desmantelar el andamiaje corporativista del régimen desde el primer día de la transición sin generar caos administrativo.
El objetivo último de este esfuerzo es claro: lograr el colapso definitivo del sistema dictatorial para que los millones de nicaragüenses dispersos por el mundo y los que resisten en el interior puedan retornar con plenas garantías. Se requerirá un proceso de justicia transicional guiado por la reconciliación y el apego estricto al estado de derecho, abriendo el camino hacia una república próspera donde cada ciudadano sea artífice de su propio destino en completa libertad.






