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2 de noviembre de 2026: 109 años de la Declaración Balfour y el derecho ancestral del pueblo judío a Israel

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A más de un siglo del histórico reconocimiento británico, la arqueología, la historia y los documentos internacionales confirman una realidad que ningún discurso político puede borrar: los judíos son un pueblo originario de la tierra de Israel, no extranjeros en ella.


Hoy, 2 de noviembre de 2026, se cumplen 109 años de la Declaración Balfour, uno de los documentos fundamentales en el proceso que condujo al establecimiento del moderno Estado de Israel.

El 2 de noviembre de 1917, el Gobierno británico manifestó formalmente su apoyo al establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en su territorio ancestral. Sin embargo, aquella declaración no creó el vínculo entre los judíos y su tierra. Reconoció políticamente una aspiración nacional cuyas raíces se remontan a más de tres mil años.

Mucho antes de la existencia del Imperio romano, del cristianismo y del islam, los antiguos israelitas ya habitaban ese territorio. Allí establecieron sus reinos, desarrollaron su idioma, sus instituciones, sus tradiciones religiosas y una identidad nacional que sobrevivió a conquistas, expulsiones y siglos de persecución.


No se trata únicamente de una afirmación bíblica. La estela de Tel Dan, las inscripciones de antiguos reinos de la región, los Rollos del Mar Muerto y las monedas acuñadas durante las rebeliones judías contra Roma constituyen evidencia material de esa presencia histórica.

Incluso el término judío proviene de Judá y Judea, nombres directamente vinculados con el territorio ancestral de ese pueblo.

Un reconocimiento internacional anterior a 1948

En 1922, la Sociedad de Naciones incorporó los principios de la Declaración Balfour al mandato británico sobre la región. Su preámbulo reconoció expresamente la conexión histórica del pueblo judío con esa tierra y los fundamentos para reconstituir allí su hogar nacional.

Este reconocimiento resulta fundamental: la relación del pueblo judío con Israel no nació de una decisión británica ni fue inventada después del Holocausto. Su identidad cultural, histórica y territorial precede por milenios a ambos acontecimientos.

El derecho de los pueblos a preservar su identidad, mantener sus vínculos ancestrales y ejercer la autodeterminación constituye hoy un principio central del derecho internacional. Aunque esos principios no determinan por sí solos las fronteras actuales, tampoco permiten negar la existencia histórica de un pueblo.

La historia y los derechos de otras comunidades de la región también merecen reconocimiento. Pero aceptar sus derechos no exige desconocer los del pueblo judío.

Guatemala y su papel histórico

Guatemala desempeñó un papel destacado en este proceso. En 1947, el diplomático Jorge García Granados participó activamente en el comité de Naciones Unidas que recomendó la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe.

Su intervención contribuyó al proceso diplomático que precedió a la independencia de Israel en mayo de 1948.

A 109 años de la Declaración Balfour, permanece una verdad histórica fundamental: Israel es un Estado moderno, pero el pueblo judío es originario de esa tierra. Su historia no comenzó en 1948, sus raíces no fueron creadas por una potencia extranjera y su identidad ancestral no puede eliminarse por conveniencia política.

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