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Sin pases ni aros de luz: Wimbledon expulsa a los influencers tras el caos en el US Open

Wimbledon no dará pases de prensa a influencers y requisará aros de luz tras las quejas por grabaciones en el US Open.

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Sin pases ni aros de luz Wimbledon expulsa a los influencers tras el caos en el US Open
Foto: WEB

El respeto al silencio, el seguimiento milimétrico del juego y el apego irrestricto al protocolo vuelven a imponerse en el All England Lawn Tennis Club.

Tras las reiteradas quejas de tenistas profesionales y aficionados durante la primera semana del US Open en Flushing Meadows, la directiva del certamen londinense confirmó que no otorgará credenciales especiales a creadores de contenido digital para su próxima edición.

La determinación de las autoridades británicas no impide la presencia de estas figuras en el recinto, siempre y cuando adquieran sus boletos como cualquier aficionado.

No obstante, las ventajas operativas y las facilidades que otorga una acreditación periodística formal quedan terminantemente descartadas para este perfil.

Tolerancia cero a las distracciones en pista

La medida adoptada en Londres va más allá del control en la mesa de admisiones.

El torneo instruyó a su personal de seguridad para decomisar accesorios que puedan entorpecer el normal desarrollo de los puntos, tales como aros de luz y dispositivos de iluminación artificial.

Las normas del deporte blanco exigen permanecer sentado y en silencio mientras la pelota esté en disputa, limitando el movimiento del público a los descansos pautados entre games impares o cierres de set.

Dentro de las instalaciones del All England Club, la normativa ya restringe de forma tajante la captura de video en casi todas sus áreas a excepción de las señales televisivas autorizadas, el personal oficial del torneo, la ATP y la WTA. Con este veto, la organización refuerza el blindaje de su tradicional etiqueta frente a conductas que en Nueva York alteraron el orden competitivo.

El caos que encendió las alarmas en Nueva York

El detonante de esta decisión se gestó en las canchas de Flushing Meadows. Durante la primera ronda femenina en el Arthur Ashe Stadium, el juez de silla Kader Nouni debió frenar las acciones en el cruce entre Naomi Osaka y Anastasia Zakharova.

Desde su torre, el árbitro francés exigió por megafonía que un grupo de influencers sentado detrás de su posición detuviera la grabación de un video para TikTok y tomara asiento de inmediato.

En otras canchas del complejo neoyorquino también se registraron episodios donde espectadores posaban de espaldas a la acción con luces encendidas durante minutos enteros en pleno juego. Las críticas en el vestuario no tardaron en manifestarse:

  • Naomi Osaka: Subrayó que quien acude a una cita deportiva tiene el deber de informarse sobre la etiqueta del juego y remarcó que las situaciones vividas en su debut debieron gestionarse con mayor rigor.
  • Adrian Mannarino: Cuestionó la permisividad del torneo frente al constante movimiento y ruido de quienes ingresaban a la grada sin respetar los puntos.
  • Coco Gauff: Aunque consideró positivo atraer público joven, remarcó que no es admisible hacer grabaciones con mímica ni usar luces de flash mientras la pelota está en juego, tanto por el rendimiento del atleta como por la experiencia del aficionado en la tribuna.

Un experimento que desbordó a la organización estadounidense

La Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA) implementó el año anterior un sistema de pases específicos con el fin de acercar el certamen a nuevas audiencias.

Para la presente edición, la entidad elevó la cuota a cerca de 100 personas acreditadas bajo este esquema. Alrededor de 20 de ellas enfocaron su labor exclusivamente en aspectos periféricos, como la gastronomía del complejo, admitiendo abiertamente su desinterés por la disciplina deportiva.

Ante el malestar generalizado, la USTA debió desplegar avisos en estadios como el Louis Armstrong solicitando expresamente apagar flashes y fuentes de iluminación, además de enviar notificaciones directas a titulares de palcos y boletos.

Mientras el torneo estadounidense evalúa si modificará sus accesos con miras a 2027, el césped británico zanjó el debate de inmediato: la tradición y la concentración de los jugadores están por encima de las cámaras de las redes sociales.

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