Economía
El voto económico en Guatemala: el bolsillo podría pesar en las elecciones de 2027
Guatemala llegará a las elecciones de 2027 con estabilidad macroeconómica, pero también con importantes diferencias en las condiciones económicas de los hogares.
Entre los indicadores y el bolsillo
Guatemala presenta una particularidad: la estabilidad de algunos de sus principales indicadores macroeconómicos convive con importantes niveles de vulnerabilidad social.
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2023 estableció que el 56% de la población se encontraba en situación de pobreza y el 16.2% en pobreza extrema.
Las diferencias territoriales son todavía más evidentes. Según los resultados de la encuesta, la pobreza alcanzaba 90.3% en Alta Verapaz, 86.4% en Quiché y 81.2% en Huehuetenango, mientras que en el departamento de Guatemala se situaba en 21.6%.
Esta desigualdad permite entender por qué hablar de una única percepción económica nacional puede resultar insuficiente.
Para muchos ciudadanos, la evaluación de la economía no comienza con el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), sino con preguntas mucho más inmediatas: ¿me alcanza el dinero?, ¿puedo encontrar empleo?, ¿los alimentos cuestan más?, ¿mi familia tiene mejores oportunidades que antes?
El peso de las remesas
Las remesas agregan otra característica particular al voto económico guatemalteco.
Guatemala recibió alrededor de US$25.5 mil millones en remesas familiares durante 2025, según cifras del Banco de Guatemala. Estos recursos representan una fuente fundamental de ingresos para numerosos hogares.
Pero electoralmente plantean una interrogante: una familia puede mejorar su capacidad de consumo gracias al dinero enviado desde el extranjero y, al mismo tiempo, considerar que dentro del país existen pocas oportunidades económicas.
En ese escenario, la pregunta no es únicamente si el ciudadano está económicamente mejor, sino a quién atribuye esa mejora.
No existe un solo voto económico
Las preocupaciones económicas tampoco son iguales en todo el territorio.
Para un trabajador urbano pueden tener mayor importancia el costo de los alimentos, transporte, vivienda o empleo. Para una familia rural pueden pesar los precios agrícolas, infraestructura o acceso a mercados. En departamentos con fuerte migración, las remesas y las oportunidades laborales adquieren otra dimensión.
Esto permite hablar no necesariamente de un solo voto económico, sino de diferentes sensibilidades económicas electorales según el territorio.
Precisamente por ello, rumbo a 2027 será importante observar conjuntamente indicadores como pobreza, empleo, ingresos, costo de vida y remesas, pero también incorporar encuestas sobre percepción económica.
La expectativa también puede definir el voto
El ciudadano no necesariamente vota únicamente evaluando lo ocurrido durante los últimos cuatro años. También puede hacerlo pensando en lo que espera que ocurra después de las elecciones.
Una candidatura podría capitalizar el descontento económico si consigue transmitir una expectativa creíble de mejores empleos, ingresos o condiciones de vida. De la misma manera, otra podría buscar convencer al electorado de que mantener determinadas políticas representa mayor estabilidad.
La economía se convierte así también en una disputa de expectativas y narrativas.
Rumbo a las elecciones de 2027, la pregunta no será solamente si Guatemala mantiene estabilidad económica, sino cómo perciben esa economía los hogares y a quién responsabilizan por sus resultados.
Porque, al momento de votar, los indicadores nacionales pueden importar, pero la experiencia cotidiana probablemente tenga un peso mayor.
El elector no vota por el PIB: vota desde la realidad que percibe en su hogar, su trabajo y su comunidad.




