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Opinión

PRIMERA PARTE / Lectura diplomática: Dependencia sin estrategia

Las remesas se han convertido en uno de los principales pilares de la economía guatemalteca y en un soporte esencial para millones de familias.

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RIMERA PARTE. LECTURA DIPLOMATICA: Dependencia sin estrategia
Foto: Centra News

Durante los últimos años, las remesas familiares han alcanzado cifras históricas y se han consolidado como la principal fuente de ingreso de divisas para Guatemala. Detrás de cada transferencia existe una historia de sacrificio, esfuerzo y esperanza. Son millones de guatemaltecos quienes, desde el extranjero, sostienen a sus familias y, al mismo tiempo, contribuyen decisivamente a la estabilidad económica del país.

Las remesas financian alimentación, vivienda, educación, salud y pequeños emprendimientos familiares. Dinamizan el consumo interno, fortalecen las reservas monetarias y han contribuido a preservar una estabilidad macroeconómica que distingue a Guatemala dentro de América Latina. Por ello, cualquier reflexión seria debe comenzar con un reconocimiento sincero hacia nuestros compatriotas que, lejos de su tierra, continúan siendo uno de los principales motores de nuestra economía.

Precisamente por esa enorme importancia, resulta oportuno formular una pregunta que rara vez ocupa el centro del debate nacional: ¿qué estrategia tiene Guatemala para administrar la creciente dependencia que ha desarrollado respecto de las remesas?

Las remesas no constituyen el problema de Guatemala. El problema consiste en que, poco a poco, hemos terminado aceptándolas como sustituto de una estrategia nacional de desarrollo económico.

Durante muchos años he sostenido, en distintos espacios de análisis y opinión, que Guatemala convive con un riesgo estratégico permanente del que se habla muy poco. No se trata de anunciar una crisis inminente, sino de reconocer una vulnerabilidad estructural. El principal soporte económico de millones de familias y la mayor fuente de ingreso de divisas del país dependen, en gran medida, de decisiones económicas, laborales, financieras y migratorias adoptadas fuera de nuestras fronteras.

La planificación estratégica de un Estado consiste precisamente en prepararse para escenarios cuya probabilidad pueda ser reducida, pero cuyas consecuencias serían extraordinariamente altas. Esa es la esencia de la gestión moderna del riesgo: anticiparse antes de que la vulnerabilidad se convierta en crisis.

Tradicionalmente, cuando hablamos de seguridad nacional pensamos en la defensa del territorio, la protección de las fronteras o el combate al crimen organizado. Sin embargo, el concepto contemporáneo de seguridad incorpora también la seguridad económica como uno de los pilares fundamentales de la fortaleza de un Estado.

Desde esa perspectiva, las remesas dejan de ser únicamente un fenómeno económico o social. Se convierten también en un asunto de seguridad nacional.

No porque representen una amenaza. Todo lo contrario. Constituyen una de las mayores fortalezas económicas de Guatemala. El verdadero riesgo radica en que una parte significativa de nuestra estabilidad dependa de factores sobre los cuales el país posee escasa capacidad de influencia.

Paradójicamente, el extraordinario éxito de las remesas ha generado una cierta comodidad nacional. La estabilidad que producen ha reducido el sentido de urgencia para impulsar las transformaciones estructurales que permitan generar, dentro de Guatemala, las oportunidades económicas que hoy millones de compatriotas continúan buscando en el exterior.

Esa comodidad no pertenece únicamente al Estado. También alcanza al debate político, al sector privado, a la academia y a la sociedad en general. Durante años, las remesas han amortiguado los efectos de problemas estructurales que siguen pendientes: insuficiente generación de empleo formal, limitada industrialización, baja productividad, escasa inversión en infraestructura productiva y una competitividad internacional inferior al enorme potencial que posee el país.

Existe además una realidad que merece una profunda reflexión. Durante décadas, productos como el café, el azúcar, el banano y el cardamomo simbolizaron el esfuerzo exportador de Guatemala y continúan siendo motivo de legítimo orgullo nacional. Sin embargo, hoy existe un amplio consenso en que las remesas familiares superan ampliamente el ingreso generado por nuestras exportaciones tradicionales. Esa realidad no disminuye el mérito de nuestros productores; por el contrario, evidencia la necesidad de impulsar una nueva etapa de evolución económica basada en mayor valor agregado, innovación tecnológica, industrialización y diversificación de nuestras exportaciones. Ya no basta con exportar más. Guatemala necesita exportar mejor.

Continuará…

Abogado y Notario de profesión, colegiado activo No. 5,220 con 28 años de ejercicio profesional, diplomático de carrera en el servicio exterior de la República de Guatemala con 23 años de servicio con el rango de Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en situación de disponibilidad actualmente.

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