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Iván Cachanosky: “El desafío es que la estabilización argentina sea duradera”

Iván Cachanosky, jefe de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso, analiza los avances y desafíos del programa económico de Javier Milei.

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Iván Cachanosky: “El desafío es que la estabilización argentina sea duradera”
Centra News / imagen elaborada con IA

El economista y jefe de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso analiza las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei, los avances fiscales, la apertura económica y los desafíos que enfrenta Argentina para consolidar su recuperación.

Argentina atraviesa uno de los procesos de transformación económica más relevantes de los últimos años. El gobierno de Javier Milei ha impulsado medidas orientadas a reducir el déficit fiscal, eliminar distorsiones de precios, avanzar en la desregulación y abrir progresivamente la economía a la competencia internacional.

Para Iván Cachanosky, jefe de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso, uno de los principales resultados de este proceso ha sido la recuperación de las señales de precios y una mejora en la credibilidad fiscal. Sin embargo, advierte que todavía existen reformas estructurales pendientes y que el principal desafío será determinar si la estabilización alcanzada puede sostenerse en el tiempo.

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En entrevista con Centra News, Cachanosky aborda los efectos de la desregulación, el impacto de la apertura económica sobre las empresas, la reforma tributaria pendiente y las lecciones que otros países latinoamericanos podrían extraer de la experiencia argentina.

¿Cuál ha sido hasta ahora el principal impacto de la desregulación económica en Argentina?

Iván Cachanosky: El impacto más importante hasta ahora ha sido la restauración de la lógica de los precios relativos. Durante años, Argentina operó con un sistema de señales distorsionadas: el tipo de cambio atrasado, las tarifas subsidiadas, los controles de precios y las restricciones cambiarias impedían que los agentes económicos tomaran decisiones racionales.

Al remover esas distorsiones, la economía comenzó a reasignar recursos hacia sectores con ventajas comparativas genuinas, como energía, agro y minería, y a eliminar actividades que solo eran rentables gracias al sostén artificial del Estado.

El segundo gran impacto es la recuperación de la credibilidad fiscal. El superávit primario es una señal de que el Estado argentino, por primera vez en décadas, gasta menos de lo que recauda. Eso redujo el riesgo país de manera sostenida y reabrió el acceso al crédito internacional, aunque todavía a una tasa un poco cara.

En el largo plazo hay esperanza porque ya se observan intereses de inversión, particularmente en Vaca Muerta, litio y minería, con proyectos vinculados al RIGI.

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La apertura económica implica mayor competencia. ¿Qué sectores están enfrentando mayor presión?

Argentina está en un proceso de cambiar su matriz productiva. Es un país que estuvo 60 años cerrado. Cuando comienza a abrirse, muchos sectores sufren porque nunca han tenido el ejercicio de competir con el mundo.

Es cierto que muchas empresas han cerrado, pero también es cierto que algunas de ellas solo subsistían gracias a beneficios otorgados por el Estado. Este tipo de empresas no son productivas y no aportan valor a la economía.

El punto es continuar avanzando con las reformas laboral e impositiva para generar incentivos a nuevas empresas que sean más competitivas que las anteriores. De esta manera se puede producir un cambio en la matriz productiva hacia empresas que generen mayor valor.

Desde luego, esto implica una transición que no es fácil de manejar. El inicio de este camino no es agradable porque primero pueden cerrar empresas que no son productivas y aumentar la informalidad. Por eso es importante avanzar con las reformas para que las nuevas empresas vuelvan a generar empleo formal.

¿Cuál es actualmente el principal riesgo para la consolidación del modelo económico argentino?

En realidad, el déficit fiscal no es un problema central. Hay riesgos, que es distinto.

Argentina ha alcanzado un superávit primario. Lo que se debate es el equilibrio financiero, que incorpora el pago de intereses. Existe un componente de intereses que no se contabiliza en el resultado financiero y que, de incluirse, produciría un pequeño déficit.

No obstante, no lo veo como una amenaza porque el monto es menor. Argentina venía de un déficit cercano al 5 % del PIB y el déficit sería de alrededor de 0.7 %, dependiendo de cómo se mida. Se ha hecho una gran tarea al reducirlo.

El desafío es otro: ¿es sostenible el equilibrio si la actividad económica no repunta? La economía debe caminar para poder sostener el equilibrio fiscal.

Además, existe un dilema importante. La actividad económica tendría un mejor desempeño si se consolidan tasas de interés más bajas, pero se aproxima un año electoral. Esto puede generar una fuerte demanda por dólares y llevar al Gobierno a intervenir sobre las tasas de interés. Si las tasas suben, los sectores que vienen creciendo poco podrían continuar en esa situación.

La reforma tributaria aparece como una de las tareas pendientes. ¿Qué impacto podría tener?

Sin ninguna duda, la reforma tributaria es una de las reformas pendientes más importantes y la que mayor impacto tendría sobre la formalización, la inversión y la productividad.

La razón es que en Argentina la carga impositiva no solo es alta en términos absolutos, sino que está mal diseñada. Ingresos Brutos es un impuesto en cascada que se aplica en cada etapa de la cadena productiva, encarece artificialmente los costos y penaliza la integración vertical.

Además, los impuestos al trabajo hacen que contratar a un empleado formal tenga un costo muy elevado, mientras que la cantidad de impuestos nacionales, provinciales y municipales genera una complejidad administrativa que desalienta la formalización de pequeñas empresas.

Cuando la carga baja y se simplifica, los incentivos cambian. La informalidad deja de ser la opción racional. Existen experiencias internacionales en las que simplificaciones tributarias significativas generaron aumentos en el registro de empresas y en la recaudación total, a pesar de la reducción de tasas.

Los obstáculos son principalmente dos. Uno político, porque la reforma implica tocar intereses provinciales muy arraigados, dado que Ingresos Brutos es una de las principales fuentes de recursos propios de las provincias. El segundo es económico: reducir impuestos implica resignar recaudación en el corto plazo, algo especialmente complejo durante un proceso de consolidación fiscal.

¿Qué lecciones de la experiencia de Milei podrían observar otros países de América Latina?

Uno de los aprendizajes más importantes de lo que viene haciendo el gobierno de La Libertad Avanza es mostrar que algunos ajustes pueden hacerse rápidamente en lugar de hacerlo de manera gradual. El presidente Milei logró alcanzar el equilibrio fiscal en el primer mes de su gobierno.

Sin embargo, el desenlace del plan de estabilización todavía es incierto. Por lo general, estos procesos pueden terminar en tres escenarios: fracasar, ser transitorios o convertirse en duraderos.

Por lo pronto, el gobierno de La Libertad Avanza ya evitó el primer escenario, que es el peor. La pregunta hacia adelante es si la estabilización será transitoria o duradera.

Hay una segunda lección: el orden importa. Primero el equilibrio fiscal, luego la desinflación y posteriormente la apertura comercial y cambiaria. Sin embargo, estos son ajustes macroeconómicos y todavía quedan pendientes las reformas estructurales.

También hay una tercera lección: la narrativa importa. Milei logró instalar en la opinión pública la idea de que un Estado grande no es necesariamente una solución, sino que puede convertirse en un problema. Esto modificó el debate político de manera duradera.

Pero hay que tener en cuenta algo importante para el resto de la región. Lo que permitió la llegada de Milei a la Presidencia fue un hartazgo social con el modelo anterior, después de años de dificultades. Eso hizo que la ciudadanía estuviera dispuesta a soportar un ajuste severo.

No todos los países latinoamericanos tienen necesariamente el mismo nivel de hartazgo que acumuló Argentina después de tantos años de políticas que, según Cachanosky, condujeron a ese escenario.

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