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Política en Guatemala

De ministro cuestionado a jefe del Banguat: el polémico salto de Jonathan Menkos que deja más preguntas que respuestas

Jonathan Menkos pasa del Ministerio de Finanzas al Banco de Guatemala

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Jonathan Menkos pasa del Ministerio de Finanzas al Banco de Guatemala y con ello Bernardo Arévalo convierte a uno de sus principales funcionarios y cuadros vinculados a Semilla en el responsable de dirigir la política monetaria del país durante los próximos cuatro años. El nombramiento puede encontrar fundamento formal en la Constitución y en la Ley Orgánica del Banco de Guatemala, pero la legalidad del nombramiento no resuelve por sí sola las preguntas sobre su idoneidad, independencia y experiencia reciente. Menkos fue diputado electo por Semilla para el período 2024-2028 y solicitó permiso para ausentarse del Congreso cuando asumió como ministro. Ahora existen cuestionamientos jurídicos sobre su curul y sobre la incompatibilidad entre ejercerla y presidir el Banguat. La propia Ley Orgánica establece que la presidencia y vicepresidencia del banco son incompatibles con otros cargos públicos o privados, mientras analistas y diputados han señalado que la situación de su curul debería aclararse antes de asumir.


El problema de fondo, sin embargo, no es solamente jurídico. Es político y de gestión. Menkos llega al Banguat después de casi tres años como responsable de las finanzas públicas de un gobierno que ha enfrentado cuestionamientos por el crecimiento del gasto, el déficit, el endeudamiento, la baja ejecución y la formulación de presupuestos cada vez más ambiciosos. En septiembre de 2025, la Comisión de Finanzas del Congreso cuestionó al Minfin precisamente por el aumento del gasto y del déficit, la contratación de nueva deuda, la baja ejecución presupuestaria y la existencia de unos Q34,000 millones disponibles que todavía no habían sido utilizados. La misma publicación registró además las tensiones provocadas por reiteradas inasistencias de Menkos a citaciones legislativas.  El argumento de que su experiencia técnica lo convierte automáticamente en la persona adecuada para dirigir la banca central deja entonces una pregunta incómoda si ¿debe evaluarse a un funcionario únicamente por sus credenciales académicas o también por los resultados y decisiones tomadas cuando tuvo bajo su responsabilidad el dinero público?.

La controversia adquiere todavía mayor dimensión con la incorporación de Guatemala al CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. El acuerdo fue impulsado y firmado por Menkos como ministro de Finanzas junto al presidente del organismo, Sergio Díaz-Granados, con Arévalo como testigo de honor. Posteriormente, el Presupuesto 2026 incorporó una disposición que permitía gestionar ante el Banguat, previa autorización de la Junta Monetaria, el uso de reservas monetarias internacionales para pagar el capital correspondiente a la participación de Guatemala en el CAF. El propio Banguat terminó cuestionando jurídicamente esa disposición y anunció una acción ante la Corte de Constitucionalidad, debido a la posible incompatibilidad con el artículo 133 constitucional, que limita el financiamiento del Estado por parte del banco central.  Este episodio resulta especialmente incómodo para Menkos, quien desde Finanzas promovió la incorporación de Guatemala al organismo financiero latinoamericano ahora será precisamente quien presida la institución cuya autonomía y reservas estuvieron en el centro de la controversia.

Aquí aparece uno de los mayores problemas del nombramiento de Arévalo. El presidente no está colocando a un técnico independiente, ajeno a su administración, para garantizar una separación nítida entre política fiscal y política monetaria. Está trasladando al máximo órgano de la banca central a su ministro de Finanzas, un funcionario que además llegó al Ejecutivo después de haber sido electo diputado por Semilla. Esa cercanía política presenta una legítima pregunta institucional sobre los límites entre el proyecto político del Ejecutivo y la autonomía que debe preservar el Banguat. Menkos arrastra las limitaciones propias de una trayectoria fuertemente vinculada al análisis y conducción de política fiscal. Dirigir Finanzas y dirigir la banca central no son exactamente la misma tarea, pues una cosa es administrar el presupuesto, recaudar y buscar financiamiento para el Estado y otra es preservar la estabilidad monetaria, controlar la inflación y proteger la autonomía del banco central frente a las necesidades financieras del Gobierno.

Por eso, el nombramiento de Jonathan Menkos debe leerse como una decisión política de Bernardo Arévalo y no como una decisión técnica. Arévalo decidió premiar la continuidad de su equipo económico precisamente cuando Menkos deja detrás cuestionamientos sobre ejecución, endeudamiento, rendición de cuentas y una controvertida operación relacionada con el CAF y las reservas internacionales. El problema no es afirmar que Menkos sea incapaz de dirigir el Banguat, sino preguntarse por qué Semilla y Arévalo consideran que quien condujo una política fiscal expansiva y defendió decisiones que generaron controversia institucional es ahora la persona indicada para custodiar la independencia de la política monetaria. El salto de Menkos de Finanzas al Banguat políticamente representa la influencia de Arévalo y Semilla sobre una de las instituciones económicas más importantes del país y coloca sobre la nueva presidencia del banco central la obligación de demostrar, con hechos y no con credenciales, que la confianza política que recibió del Ejecutivo no terminará convirtiéndose en dependencia institucional.

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