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EXCLUSIVA | Sara Carter advierte: Guatemala sigue siendo corredor clave del narcotráfico y EE.UU. se prepara para actuar

Esa preocupación no surge en el vacío. En los últimos meses, varios decomisos fuera del país han expuesto con claridad el nivel de operación de estas estructuras.

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EXCLUSIVA Sara Carter advierte Guatemala sigue siendo corredor clave del narcotráfico y EE.UU. se prepara para actuar
Foto: Centra News / WEB

Sara Carter no es una funcionaria más dentro del gobierno estadounidense. Como Directora de la Oficina Nacional de Política para el Control de Drogas de Estados Unidos (ONDCP), conocida como la “la Zarina Contra las Drogas”, es la principal responsable de diseñar y coordinar la estrategia del gobierno de EE.UU. contra el narcotráfico a nivel global. Su lectura del fenómeno no es política ni académica: es operativa, estratégica y directamente vinculada a decisiones de seguridad nacional.

En una entrevista exclusiva para CENTRA NEWS, la Directora de la Oficina Nacional de Política para el Control de Drogas de Estados Unidos (ONDCP), Sara Carter, fue directa: Guatemala sigue siendo uno de los principales corredores del narcotráfico hacia Estados Unidos. La cifra no deja espacio a interpretaciones. Entre el 50% y el 80% de la cocaína que llega a territorio estadounidense pasa por el país.

“Guatemala sigue siendo un corredor de tránsito y logística fundamental en el narcotráfico regional. Estimamos que entre el 50% y el 80% de la cocaína que llega a Estados Unidos pasa por Guatemala.”

No es un dato nuevo, pero sí uno que hoy cobra otro peso. En Washington ya no lo ven como una estadística más, sino como un indicador de algo más profundo: el deterioro en la capacidad de contención dentro del territorio guatemalteco.

Esa preocupación no surge en el vacío. En los últimos meses, varios decomisos fuera del país han expuesto con claridad el nivel de operación de estas estructuras. El 6 de diciembre de 2024, autoridades en República Dominicana incautaron 9,588 kilos de cocaína en el puerto de Caucedo, uno de los mayores golpes al narcotráfico en la región. El cargamento había salido de Guatemala y tenía como destino Europa.

Meses después, entre marzo y junio de 2025, en el puerto de Barcelona, España, se detectaron 1,190 kilos de cocaína ocultos en contenedores provenientes de Guatemala. No se trata de eventos aislados. Son operaciones sostenidas, de alto volumen, que requieren control logístico, coordinación y, sobre todo, condiciones que permitan su ejecución desde origen.

En paralelo, el problema está cambiando de forma. Carter advierte que, con el endurecimiento de controles en México, los carteles están reconfigurando sus rutas. Guatemala aparece cada vez más en ese mapa, particularmente en lo relacionado con el tránsito de precursores químicos utilizados para la producción de fentanilo. Las incautaciones recientes dentro del país apuntan a que ese proceso ya comenzó.

“A medida que se endurecen los controles en México, los carteles buscarán rutas alternativas. Guatemala y el corredor centroamericano enfrentan un riesgo creciente de desvío de químicos a través de canales comerciales.”

Pero el punto más delicado de la entrevista no está en las rutas ni en los cargamentos, sino en lo que ocurre alrededor de ellos. Carter lo plantea sin rodeos: las organizaciones criminales no operan solas, buscan penetrar las instituciones donde operan.

“Las organizaciones criminales transnacionales buscan infiltrar instituciones donde operan. Es una táctica global para proteger sus operaciones.”

Bajo esa lógica, toman relevancia reportes recientes en Guatemala que señalan el involucramiento de ex autoridades cercanas al Ejecutivo en estructuras que habrían facilitado operaciones criminales. A esto se suma la fuga de al menos 20 integrantes de estructuras de maras consideradas organizaciones terroristas, un hecho que por sí solo ya plantea serias preguntas sobre control y seguridad.

En la misma línea, el robo de aproximadamente 60 fusiles y municiones del Ejército, cuyo destino final se sospecha vinculado al narcotráfico y al crimen organizado, refuerza la preocupación. Son hechos que, aunque aún bajo investigación, dibujan un escenario más amplio: no solo hay tránsito de droga, hay vulnerabilidades en puntos críticos del sistema.

Frente a esto, la postura de Estados Unidos está cambiando. El narcotráfico dejó de ser tratado únicamente como un problema criminal. Hoy es un tema de seguridad nacional.

“El tráfico de drogas y los carteles son ahora un eje central de la política de seguridad de Estados Unidos.”

Eso implica un giro en la forma de actuar. Ya no se trata únicamente de cooperación o asistencia técnica. Washington se está moviendo hacia una estrategia más directa, más exigente y con consecuencias claras para quienes faciliten, permitan o ignoren estas operaciones.

“Utilizaremos todas las herramientas disponibles para asegurar que los países de origen tomen medidas creíbles para detener la producción y el tráfico de drogas.”

Entre las medidas sobre la mesa están la designación de carteles como organizaciones terroristas extranjeras, el endurecimiento de sanciones financieras y acciones dirigidas no solo contra las estructuras criminales, sino contra sus redes de apoyo.

En ese contexto, Carter también lanza una advertencia que no pasa desapercibida. Existe preocupación sobre la posible cooptación de procesos democráticos por intereses criminales en la región. Traducido en términos prácticos, esto abre la puerta a que las acciones de Estados Unidos no se limiten a los carteles, sino que alcancen a actores políticos, operadores y facilitadores.

“Nos preocupa que procesos democráticos en la región puedan ser cooptados por intereses criminales.”

Aunque se reconoce la cooperación con Guatemala, particularmente en operaciones portuarias y unidades especializadas, el mensaje es claro: la expectativa ha cambiado. La cooperación, sin resultados concretos, ya no es suficiente.

“Los países serán responsabilizados por permitir el tráfico de drogas. Se espera acción firme, investigación, persecución y desmantelamiento de estas redes.”

La conclusión es difícil de esquivar. Guatemala no es un punto de paso más. Es una pieza central en la dinámica regional del narcotráfico.

Y con la evidencia acumulada en los últimos meses, cargamentos que salen del país, estructuras que operan con aparente libertad y fallas en áreas sensibles de seguridad, en Washington ya no están observando el problema desde la distancia.

Se están preparando para intervenir con mayor firmeza.

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